Habían pasado dos días desde que Rob se había marchado de mi casa donde habíamos compartido charla, miradas, buen vino, sexo y alguna que otra confidencia.
Mattia seguía ahí y de repente ese mismo lunes me dijo que quería verme, que disponía de unas horas para luego volver a trabajar (podía combinarse el horario como quisiera).
Me gustó ese arranque suyo porque él es bastante tímido hasta que no está en su salsa. Le pregunté porque tenía tantas ganas de estar conmigo y me dijo que le apetecía a pesar de que habíamos planeado vernos al día siguiente.
Sinceramente le preguntaba porque me apetecía escuchar todo lo que él siempre dice de mí, sobre mi persona.
Mattia dice que le gusto porque soy simpática y siempre hacemos la broma de que en España cuando un hombre le dice a una mujer que es simpática quiere decir que es fea y que por nada del mundo estaría con ella. Él se ríe.
Me encanta su manera de pensar, de ver las cosas, de observarme, de explicarme sus historietas alrededor del mundo. A veces pienso que cuando sea mayor me gustaría ser como él.
Le dije que una hora después podríamos vernos.
Las semanas anteriores a nuestro futuro encuentro había estado visitando a su hermana en Mallorca junto con sus padres también, así que hacía ya algunos días que no disfrutábamos uno del otro.
Siempre siento ese cosquilleo cuando mi timbre suena, cuando sé que justo en ese momento empezará algo bonito de vivir.
Esperé que llamara al timbre de arriba y cuando abrí la puerta ahí estaba, con esa pinta que me encanta, tan personal suya, tan destartalada, con sus rizos mal peinados y sus ojos azules en los que incluso en según que momentos era capaz de mirarme a mi misma.
Mattia me empujó hacia la pared mientras con su otra mano cerraba la puerta. Fue pasional nuestro encuentro y a medida que ambos nos impregnábamos me di cuenta que deslizaba algo sobre mi muñeca a la vez que no dejaba de besarme, de susurrarme, de lamerme, de voltearme.
Mattia había estado en Marruecos días después de haber estado en Mallorca con su familia y lo que dejaba en mi muñeca era una pulsera que había comprado para mi en esa tierra tan hermosa de la que yo me enamoré cuando fui.
Seguimos sin parar ni un segundo, descubriéndonos de nuevo, como si no nos conociéramos de nada, como si fuera la primera vez.
Después de dos horas Mattia se fue y regresó a su trabajo.
Me encantaba eso!
Era como una locura pero siendo conscientes por parte de los dos que quizás nunca más nos volveríamos a ver.
Yo me quedé en mi cama, abrazada a esa pulsera que para mí ya era como una pequeña parte de él. Me sonreí a mi misma y pensé que ese detalle me había gustado mucho.
Al día siguiente por la tarde Mattia me llamó y acordamos la hora de vernos.
Eran las ocho de la tarde y el autobús tardaba en salir así que ahí estaba yo, un manojo de nervios sabiendo que no debería haberme entretenido en las Rebajas (pero jamás puedo resistirme a ellas) y maldiciéndome a mi misma porque había quedado con el mio Amore una hora después y aún tenía que decidir que ponerme de lo que había comprado esa misma tarde.
Una ducha rápida, unas medias, un vestido un poco atrevido y recoger aún la bandeja con el plato de la cena del día anterior.
De nuevo, ahí estaba él....cada vez que recuerdo su mirada me estremezco, esa combinación de timidez y descaro me vuelve loca en él.
Esa sonrisa como de niño que jamás rompió un plato, esa sonrisa que me habla y me dice...guauuuuu como alucinando de lo que ocurría tantas veces entre nosotros.
Allí estábamos en el sofá, relajados, entrelazando nuestras manos, riendo, hablando y muriéndonos de hambre jajajaja.
Empecé a hacer la cena que ya había dejado casi hecha la noche anterior y Mattia solo me agradecía mi detalle, cómo cuidaba de él, cómo lo mimaba....
Antes de cenar tuvimos nuestro propio entrante sexual, allí en el suelo de mi comedor, sobre el parquet.
Durante la cena hablamos, reímos, me explicó sus planes en Brasil pero antes de volver a aceptar cualquier proyecto de trabajo de todos los que tenía había organizado un viaje mochilero desde Brasil a Perú junto a dos amigos suyos.
Siempre le envidiaré, su manera de hacer, de ser...tan libre.
Sólo durante esa cena me habló de lo que pensaba sobre estar con alguien, sobre el concepto de relación. Mattia necesita alguien a su lado que sea libre, que se sienta libre, que sea independiente y que le deje respirar.
Recuerdo lo que opina sobre las españolas y las italianas especialmente.
En general las odia hasta que según él me conoció a mi, entonces empezó a pensar que las españolas incluso podíamos ser SIMPÁTICAS.
Después de cenar volvimos al sofá y después de cenar, de nuevo volvimos a tener sexo, de aquel pasional, que te comes con la mirada, que apretas con fuerza al otro y de aquel con el que llegas al cielo sin más.
Al fin decidimos irnos a dormir y como siempre una vez más Mattia no podía dormir sin abrazarse a mí, sin de nuevo volver a disfrutar de ese sexo que nos unía.
Lo que más me gusta de toda esa situación es cuando creamos ese clima de relax, de satisfacción culminado con uno de los porritos que Mattia siempre me ofrece después de acabar.
Después siempre nos quedamos dormidos, abrazados.
A la mañana siguiente oí el despertador que él había puesto y sólo intuí la luz del baño que se reflejaba desde mi habitación.
Después de eso Mattia se marchó y yo ni siquiera sentí el calor de sus labios despidiéndose de mí porque quizás esa sería la última vez.
A la mañana siguiente no podía creerme que la próxima vez que le viera sería a través de una minúscula cam, yo en España y él en Italia.
Ese primer momento fue duro para mí, fue como si fuera irreal.
Mattia estaba al otro lado, en casa de sus padres e incluso recuerdo como la sua MAMMA una noche le dió un beso de buenas noches delante de mi como hacía cada día según Mattia me explicó.
Así seguimos hablando, recordando...todo a través de unas líneas, sin voz pero ahí seguían nuestras miradas de pasión que incluso podían fundir la conexión de nuestros portátiles.
Mattia seguía en Italia, esperando el día para volar hacia su Brasil.
Hablábamos a veces, no a diario, y al final dos eran los escenarios, la casa de la sua MAMMA y la pequeña tienda de vinilos en Parma de su amigo Davide.
Marcelo, un amigo de Mattia, incluso habló conmigo e intercambiamos varias conversaciones después de agregarnos al MSN pero Marcelo hoy por hoy después de tantearme desapareció y no se si algún día volverá a aparecer.
Al sábado siguiente Mattia se iba a Brasil pero perdió el vuelo así que estuvo una semana más en Italia, su Italia odiada, en la tierra con la que nunca se sintió identificado, en su Italia fría y nevada.
De nuevo una noche Mattia apareció con una palabra en la pantalla de mi portátil Amore....(es nuestra manera de saludarnos)
Ahí estaba él, veraniego total, guapísimo, con perilla...a pocos metros de la playa de Brasil y con esos ojos azules.
Me gusta más Mattia con su cara de relax, de vacaciones, sin sueño, con esas enormes ganas de vivir y de comerse el mundo.
Yo me había llevado al Mattia cansado, asqueado de ese curro que tenía, con esos horarios de mierda y con ese hastío y esas ganas de irse de cualquier sitio que perteneciera a Europa.
En una de nuestras conversaciones cuando yo le explicaba algo él simplemente me leyó y al final me dijo: ME GUSTA POR LO QUE ERES, NO POR LO QUE HACES OLGA.
A día de hoy, no sé nada de él, creo que ya habrá iniciado su viaje mochilero porque ya nunca aparece.
Desde donde estés Perú, Brasil, o que se yo, la Amazonia, que sepas que te recuerdo con cariño y me sonrío ante lo que vivimos o quien sabe..ante lo que viviremos algún día cuando coincidamos de nuevo porque como Mattia dice: YO SIEMPRE VUELVO.
Un besazo y un abrazo AMORE.
Mattia seguía ahí y de repente ese mismo lunes me dijo que quería verme, que disponía de unas horas para luego volver a trabajar (podía combinarse el horario como quisiera).
Me gustó ese arranque suyo porque él es bastante tímido hasta que no está en su salsa. Le pregunté porque tenía tantas ganas de estar conmigo y me dijo que le apetecía a pesar de que habíamos planeado vernos al día siguiente.
Sinceramente le preguntaba porque me apetecía escuchar todo lo que él siempre dice de mí, sobre mi persona.
Mattia dice que le gusto porque soy simpática y siempre hacemos la broma de que en España cuando un hombre le dice a una mujer que es simpática quiere decir que es fea y que por nada del mundo estaría con ella. Él se ríe.
Me encanta su manera de pensar, de ver las cosas, de observarme, de explicarme sus historietas alrededor del mundo. A veces pienso que cuando sea mayor me gustaría ser como él.
Le dije que una hora después podríamos vernos.
Las semanas anteriores a nuestro futuro encuentro había estado visitando a su hermana en Mallorca junto con sus padres también, así que hacía ya algunos días que no disfrutábamos uno del otro.
Siempre siento ese cosquilleo cuando mi timbre suena, cuando sé que justo en ese momento empezará algo bonito de vivir.
Esperé que llamara al timbre de arriba y cuando abrí la puerta ahí estaba, con esa pinta que me encanta, tan personal suya, tan destartalada, con sus rizos mal peinados y sus ojos azules en los que incluso en según que momentos era capaz de mirarme a mi misma.
Mattia me empujó hacia la pared mientras con su otra mano cerraba la puerta. Fue pasional nuestro encuentro y a medida que ambos nos impregnábamos me di cuenta que deslizaba algo sobre mi muñeca a la vez que no dejaba de besarme, de susurrarme, de lamerme, de voltearme.
Mattia había estado en Marruecos días después de haber estado en Mallorca con su familia y lo que dejaba en mi muñeca era una pulsera que había comprado para mi en esa tierra tan hermosa de la que yo me enamoré cuando fui.
Seguimos sin parar ni un segundo, descubriéndonos de nuevo, como si no nos conociéramos de nada, como si fuera la primera vez.
Después de dos horas Mattia se fue y regresó a su trabajo.
Me encantaba eso!
Era como una locura pero siendo conscientes por parte de los dos que quizás nunca más nos volveríamos a ver.
Yo me quedé en mi cama, abrazada a esa pulsera que para mí ya era como una pequeña parte de él. Me sonreí a mi misma y pensé que ese detalle me había gustado mucho.
Al día siguiente por la tarde Mattia me llamó y acordamos la hora de vernos.
Eran las ocho de la tarde y el autobús tardaba en salir así que ahí estaba yo, un manojo de nervios sabiendo que no debería haberme entretenido en las Rebajas (pero jamás puedo resistirme a ellas) y maldiciéndome a mi misma porque había quedado con el mio Amore una hora después y aún tenía que decidir que ponerme de lo que había comprado esa misma tarde.
Una ducha rápida, unas medias, un vestido un poco atrevido y recoger aún la bandeja con el plato de la cena del día anterior.
De nuevo, ahí estaba él....cada vez que recuerdo su mirada me estremezco, esa combinación de timidez y descaro me vuelve loca en él.
Esa sonrisa como de niño que jamás rompió un plato, esa sonrisa que me habla y me dice...guauuuuu como alucinando de lo que ocurría tantas veces entre nosotros.
Allí estábamos en el sofá, relajados, entrelazando nuestras manos, riendo, hablando y muriéndonos de hambre jajajaja.
Empecé a hacer la cena que ya había dejado casi hecha la noche anterior y Mattia solo me agradecía mi detalle, cómo cuidaba de él, cómo lo mimaba....
Antes de cenar tuvimos nuestro propio entrante sexual, allí en el suelo de mi comedor, sobre el parquet.
Durante la cena hablamos, reímos, me explicó sus planes en Brasil pero antes de volver a aceptar cualquier proyecto de trabajo de todos los que tenía había organizado un viaje mochilero desde Brasil a Perú junto a dos amigos suyos.
Siempre le envidiaré, su manera de hacer, de ser...tan libre.
Sólo durante esa cena me habló de lo que pensaba sobre estar con alguien, sobre el concepto de relación. Mattia necesita alguien a su lado que sea libre, que se sienta libre, que sea independiente y que le deje respirar.
Recuerdo lo que opina sobre las españolas y las italianas especialmente.
En general las odia hasta que según él me conoció a mi, entonces empezó a pensar que las españolas incluso podíamos ser SIMPÁTICAS.
Después de cenar volvimos al sofá y después de cenar, de nuevo volvimos a tener sexo, de aquel pasional, que te comes con la mirada, que apretas con fuerza al otro y de aquel con el que llegas al cielo sin más.
Al fin decidimos irnos a dormir y como siempre una vez más Mattia no podía dormir sin abrazarse a mí, sin de nuevo volver a disfrutar de ese sexo que nos unía.
Lo que más me gusta de toda esa situación es cuando creamos ese clima de relax, de satisfacción culminado con uno de los porritos que Mattia siempre me ofrece después de acabar.
Después siempre nos quedamos dormidos, abrazados.
A la mañana siguiente oí el despertador que él había puesto y sólo intuí la luz del baño que se reflejaba desde mi habitación.
Después de eso Mattia se marchó y yo ni siquiera sentí el calor de sus labios despidiéndose de mí porque quizás esa sería la última vez.
A la mañana siguiente no podía creerme que la próxima vez que le viera sería a través de una minúscula cam, yo en España y él en Italia.
Ese primer momento fue duro para mí, fue como si fuera irreal.
Mattia estaba al otro lado, en casa de sus padres e incluso recuerdo como la sua MAMMA una noche le dió un beso de buenas noches delante de mi como hacía cada día según Mattia me explicó.
Así seguimos hablando, recordando...todo a través de unas líneas, sin voz pero ahí seguían nuestras miradas de pasión que incluso podían fundir la conexión de nuestros portátiles.
Mattia seguía en Italia, esperando el día para volar hacia su Brasil.
Hablábamos a veces, no a diario, y al final dos eran los escenarios, la casa de la sua MAMMA y la pequeña tienda de vinilos en Parma de su amigo Davide.
Marcelo, un amigo de Mattia, incluso habló conmigo e intercambiamos varias conversaciones después de agregarnos al MSN pero Marcelo hoy por hoy después de tantearme desapareció y no se si algún día volverá a aparecer.
Al sábado siguiente Mattia se iba a Brasil pero perdió el vuelo así que estuvo una semana más en Italia, su Italia odiada, en la tierra con la que nunca se sintió identificado, en su Italia fría y nevada.
De nuevo una noche Mattia apareció con una palabra en la pantalla de mi portátil Amore....(es nuestra manera de saludarnos)
Ahí estaba él, veraniego total, guapísimo, con perilla...a pocos metros de la playa de Brasil y con esos ojos azules.
Me gusta más Mattia con su cara de relax, de vacaciones, sin sueño, con esas enormes ganas de vivir y de comerse el mundo.
Yo me había llevado al Mattia cansado, asqueado de ese curro que tenía, con esos horarios de mierda y con ese hastío y esas ganas de irse de cualquier sitio que perteneciera a Europa.
En una de nuestras conversaciones cuando yo le explicaba algo él simplemente me leyó y al final me dijo: ME GUSTA POR LO QUE ERES, NO POR LO QUE HACES OLGA.
A día de hoy, no sé nada de él, creo que ya habrá iniciado su viaje mochilero porque ya nunca aparece.
Desde donde estés Perú, Brasil, o que se yo, la Amazonia, que sepas que te recuerdo con cariño y me sonrío ante lo que vivimos o quien sabe..ante lo que viviremos algún día cuando coincidamos de nuevo porque como Mattia dice: YO SIEMPRE VUELVO.
Un besazo y un abrazo AMORE.





